miércoles, 6 de enero de 2016

Y el que lo sabía, callaba

La fila de colonos casi no tenía fin. En las esquinas entre una sección y otra no se distinguían de una reunión informal como las que veía a diario, excepto por las caras de miedo y el silencio solo roto por las órdenes de los jefes de comunidad que iban indicando a qué salidas teníamos que dirigirnos. Las zonas comunes eran otra historia, sobre todo la de los mayores. Allí el ruido de fondo crecía por momentos ante lo que estaba por llegar y las preguntas y salidas de tono eran más frecuentes. Después de tantos años la tregua había terminado y quedaban pocas horas antes de poder evacuar la última colonia subterránea humana que existía en todo el planeta. El final no iba a tardar tanto. La entrada de los insectores era cuestión de minutos, pero eso no lo sabía nadie todavía. Y el que lo sabía, callaba.

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